La remodelación de la Plaza de Tirso de Molina formaba parte de un plan del Ayuntamiento que tenía como objetivo la restricción del tránsito de vehículos de paso a través del barrio de Embajadores en dirección Oeste-Este. Finalmente el tráfico no se restringió. La modificación del proyecto, tras presiones ejercidas por la Cámara de Comercio de Madrid, agravó la contaminación sonora aérea y estructural y también la atmosférica para los residentes de las calles de la Colegiata, Conde de Romanotes, Doctor Cortezo, Magdalena y los de los edificios colindantes con la única calzada que quedó en la plaza.
La situación empeora día a día, el tráfico de paso se intensifica, la gestión de los servicios de limpieza es inadecuada, baldean las calzadas en horario nocturno y ahora también la plaza. Camiones recogida y transporte de residuos que utilizan la calle Colegiata como ruta de paso.
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